Histórica transición en el Grupo HIMA San Pablo

Una empresa hospitalaria que comienza con apenas cuatro pacientes y sin capital de trabajo parecería estar en ruta casi segura hacia el fracaso. Sin embargo, ese pronóstico pesimista puede ser transformado en un final feliz mediante la visión de sus dueños, su voluntad de trabajo, su habilidad como hombres de negocios y una fe inquebrantable en ellos mismos.

Esa es la historia, a muy grandes rasgos, del Grupo HIMA San Pablo, uno de los principales proveedores de servicios hospitalarios terciarios en Puerto Rico y el Caribe, que hoy día emplea a unas 4,900 personas. Sus cinco hospitales en Caguas, Bayamón, Fajardo, Humacao y Cupey le ofrecen a sus pacientes tecnología de vanguardia y servicio de óptima calidad.

Establecido hace 30 años, el Grupo tuvo sus orígenes en el Turabo Medical Center, que al poco tiempo de su inauguración cambió su nombre por el de Hospital Interamericano de Medicina Avanzada (HIMA), en Caguas. En estos días experimenta una importante transición, con el retiro simultáneo de sus fundadores, Joaquín Rodríguez y Carlos M. Piñeiro.

Rodríguez, quien estudió Leyes y Finanzas, renuncia a los puestos de presidente de la junta de directores y principal oficial ejecutivo (CEO, por sus siglas en inglés). Por su parte, Piñeiro quien es contador público autorizado deja los cargos de presidente y principal oficial de Operaciones. Pero ninguno de ellos se desvincula totalmente de la empresa, ya que Rodríguez seguirá siendo presidente de la junta de directores, y Piñeiro permanecerá como secretario de la misma.

“Empezamos juntos y terminamos juntos”, dice sonriente Rodríguez, a lo que Piñeiro añade que “llegó el momento en que ya hay que darle paso a la nueva generación”.
“La industria de la salud está cambiando tremendamente, desde el punto de vista de la electrónica y de la atención al paciente”, explica Piñeiro. “En esta institución se requiere que una persona trabaje no menos de diez horas diarias, y eso requiere gente joven”.

Buenos amigos, además de socios, ambos ejecutivos ofrecieron una interesante entrevista a la Revista Hospitales en la que hicieron un breve repaso de la historia de la institución y de los servicios que ofrece, salpicado de anécdotas y del evidente compañerismo que se labra a lo largo de una trayectoria profesional compartida durante largo tiempo.

Tres décadas juntos

Aunque Rodríguez y Piñeiro le han dedicado 30 años a lo que es hoy el Grupo HIMA San Pablo, su trayectoria comenzó antes, ya que en el 1984 comenzaron a laborar juntos en el antiguo Hospital San Rafael, en Caguas. Se habían conocido en 1965, cuando el primero trabajaba en el Banco Popular y el segundo en una empresa local de productos químicos. En 1972 tomaron la decisión de asociarse.
“Hemos sido socios de negocios desde entonces, con un apretón de manos, porque no tenemos ningún documento firmado”, afirma Piñeiro. A partir de esa fecha, y antes de lanzarse en la aventura del hospital, experimentaron con todo tipo de negocios, incluyendo una agencia de viajes.

En julio de 1978, Rodríguez empezó a trabajar en el Hospital San Rafael, que atravesaba serios problemas económicos. El secretario de Salud para aquel entonces, licenciado Jaime Rivera Dueño quien hoy labora para el Grupo HIMA San Pablo, llegó a la conclusión de que había que cerrarlo y crear un nuevo hospital. Rivera Dueño, sin embargo, apoyaba a otro grupo distinto, también relacionado al San Rafael, que deseaba abrir el nuevo hospital. Hacia esa fecha, en 1984, Piñeiro decidió vender sus otros negocios y unirse con Rodríguez.

Eventualmente los miembros del otro grupo se unieron a Rodríguez y Piñeiro, y todos juntos obtuvieron financiamiento del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del gobierno federal (HUD, por sus siglas en inglés). Dieron inicio a la construcción del hospital en Caguas, que culminó en 1988, cuando abrieron “con muchísimas dificultades”, según recuerda Piñeiro. Cerraron San Rafael y mudaron al nuevo hospital los últimos cuatro pacientes que quedaban allí.

El diseño del nuevo hospital también tuvo su propia historia. De acuerdo con Rodríguez, su padre era arquitecto especializado en hospitales y había diseñado recientemente el Hospital Dr. Federico Trilla de la Universidad de Puerto Rico, en Carolina. Cuando Rodríguez y Piñeiro fueron a buscar financiamiento, el banco les solicitó que presentaran el plano de la institución que proyectaban crear. Utilizando los planos del Federico Trilla, pero bajo el nombre de Turabo Medical Center, consiguieron el financiamiento que necesitaban. “El Banco (Gubernamental) de Fomento nos ayudó un montón”, destaca Rodríguez.

Sin embargo, un serio reto financiero los esperaba enseguida. Habían logrado que el Citibank les otorgara $6 millones una suma considerable en 1983 como capital de trabajo. Pero con un cambio en las leyes contributivas impuesto por el gobierno de Ronald Reagan, quien era para entonces presidente de los Estados Unidos, se cayó el financiamiento. “Por eso tuvimos que empezar en cero, sin ‘working capital’”, subraya Piñeiro. Un suplidor acudió entonces en su auxilio, proporcionándoles un ‘donativo’ de $400,000 con el que pudieron abrir el hospital y pagar la primera nómina.

Cómo surgió el Grupo

Visionarios y decididos a promover los servicios de excelencia para los pacientes locales, Rodríguez y Piñeiro no se limitaron a desarrollar el HIMA de Caguas. De hecho, el Grupo HIMA San Pablo surgió con la adquisición de un total de cinco hospitales.

“Ese tema es interesante, porque todo es coincidencia”, relata Rodríguez. “La Reforma de Salud empezó en esta región de Caguas. Este hospital tenía siempre llenas sus 300 camas. Entonces adquirimos un hospital en Humacao, el Font Martelo, con la idea original de enviar allá el ‘overflow’ de pacientes. Eso nunca funcionó, porque ese hospital se llenó también. Pero con el tiempo, la situación se fue tranquilizando”.

Poco después, adquirieron un SurgiCenter a la entrada de Caguas, que cuenta con sala de cirugías, sala de emergencia y un área de ‘outpatient’. Ambas adquisiciones la del Hospital Font Martelo en Humacao y la del SurgiCenter serían la base de lo que es hoy el Grupo HIMA San Pablo.

Hacia esa fecha, en 1998, Rodríguez y Piñeiro estaban en conversaciones con la empresa estadounidense Universal Health, dueña de los hospitales San Pablo en Bayamón y Fajardo, que estaba interesada en comprarles el HIMA de Caguas. Pero una significativa caída de la Bolsa de Valores alteró los planes de esa compañía, que retiró su oferta de compra. Por las vueltas del destino, lo que terminó sucediendo fue que Universal Health les vendió sus dos hospitales en Puerto Rico.

“Da la casualidad que nosotros estábamos financiando con Westernbank”, dice Rodríguez, “que accedió a prestarnos $140 millones para llevar a cabo la compra”. “Nosotros éramos buenos clientes de ellos y les pagábamos bien”, añade Piñeiro.
En cuanto a los motivos que los dueños de Universal pudieron haber tenido para vender un hospital que estaba siendo exitoso, Rodríguez señala que “los americanos no sabían bregar con Puerto Rico. La idiosincrasia de la salud aquí es completamente diferente a la de Estados Unidos”, en términos económicos, entre otros factores.

Tras la adquisición de los dos hospitales de Bayamón y Fajardo, los dos ejecutivos reestructuraron su empresa, surgiendo así el Grupo HIMA San Pablo como compañía tenedora. La última institución hospitalaria que adquirieron fue el antiguo Hospital San Gerardo, hoy rebautizado como HIMA San Pablo Cupey, que renovaron totalmente.

La actualidad

“Puerto Rico no puede prescindir de los servicios del HIMA San Pablo, te lo digo sin vanidad alguna”, manifiesta Piñeiro. “Aquí tenemos una serie de servicios que no los hay en ninguna otra parte”.

La evolución de la empresa, unida a la visión de sus propietarios, les ha posibilitado ofrecer servicios que prácticamente son únicos en Puerto Rico. El HIMA San Pablo de Caguas cuenta con centros especializados en cáncer, epilepsia, quemaduras, derrames cerebrales (‘strokes’) e imágenes. En Bayamón, por su parte, tienen un Centro Cardiovascular, uno de Gastroenterología y otro de Enfermedades de la Mujer.

“Hoy en día, la mayoría de los casos de quemaduras vienen aquí, cuando tienen la opción”, sostiene Rodríguez. “Tenemos el único centro de epilepsia en todo el Caribe. Y ahora tenemos también el único centro de ‘stroke’. Antes había uno en el Gobierno, pero todos los médicos se fueron a Estados Unidos. El que hemos creado aquí es de primerísima calidad. Tenemos neurólogos y enfermeros 24/7”.

Por otro lado, el Centro de Cáncer es “el único certificado por la American Medical Association y está aquí en Caguas. Otros centros que han abierto tienen otras certificaciones, pero no esta”, agrega Rodríguez.
“Bayamón es el Centro Cardiovascular más importante de Puerto Rico”, prosigue Rodríguez. “Es el único sitio que te garantiza que en 90 minutos recibirás los servicios” que se necesiten.

El Grupo HIMA San Pablo, puntualiza el ejecutivo, lleva a cabo tareas en las que usualmente los hospitales ‘for profit’ no se involucran, tales como su propio programa de internado y una residencia, que comenzarán próximamente.

Dicha labor la llevan a cabo, en parte, a través de varias fundaciones con las que cuentan, particularmente la Fundación Educativa HIMA San Pablo. Ésta busca médicos graduados, pero que aún no tienen especialización, y les otorga fondos para que puedan completar la misma. Lo único que les exigen a cambio son cuatro años de servicio en cualquier hospital de Puerto Rico, no necesariamente en uno del grupo HIMA. “Entre el 95 y el 98 por ciento deciden quedarse aquí”, recalca Piñeiro. Además, tienen una fundación para pacientes de cáncer, una para personas que han tenido derrames y otra para personas mayores, llamada Esthima.

“Durante el huracán, el único hospital que funcionó sin parar fue éste”, dice Rodríguez, refiriéndose al hospital de Caguas. “Llegamos a tener mucha más gente que camas”, ya que habían recibido pacientes de St. Thomas y Santa Cruz, islas que se habían visto afectadas por fenómenos atmosféricos anteriores a María. “El Ejército americano nos ayudó, porque establecieron un hospital de tiendas de campaña aquí mismo, en el estacionamiento”.

Más innovaciones

No conformes con todo lo anterior, los dos socios han sido pioneros en el desarrollo de iniciativas locales como su Red Médica y su propio Expediente Médico Electrónico.

“Tenemos una compañía, Sabia Med, que creó un sistema de Expediente Médico Electrónico”, indica Rodríguez. Aunque para desarrollarlo contrataron recursos extranjeros, “el corazón de la compañía está aquí y emplea a 35 empleados”, añade. El sistema se ha vendido a varios hospitales en Puerto Rico, Latinoamérica y Estados Unidos.

En cuanto a la Red Médica, Piñeiro la califica como “un sistema bien interesante”. “Nosotros le damos unos anticipos a los médicos de acuerdo a la cantidad de procedimientos y de visitas que tengan”, asevera. “Al médico se le paga mes tras mes. A ellos les ha gustado mucho el sistema, porque no corren riesgo; el riesgo lo estamos corriendo nosotros. Además les proveemos oficina y servicio de secretaria. En este momento tenemos alrededor de 300 médicos contratados”.

Con tantos logros e innovaciones, son inevitables las preguntas en torno a cuáles han sido sus principales satisfacciones y sus mayores retos.

Ante la primera, Rodríguez responde, “haber desarrollado una institución que le da trabajo a casi 5,000 personas y bienestar a muchas más. Nosotros funcionamos como ningún otro hospital en Puerto Rico. Esa es la gran satisfacción”.

El aspecto financiero, por otro lado, ha sido siempre el gran reto de la institución. “Los planes médicos a veces nos deben $40 o $50 millones”, revela Piñeiro. “Nosotros facturamos un promedio de $36 millones mensuales, entre todos los hospitales. Y cobramos entre $34 y $35 millones. Siempre se nos queda un millón o más, a ver cómo lo cobramos”.

Con el retiro, ambos ejecutivos tendrán más tiempo para disfrutar sus pasiones personales, la ópera en el caso de Rodríguez, y la lectura en el de Piñeiro. Rodríguez, de hecho, ha sido mecenas de diferentes artistas, la mayor parte de los cuales contactaba a través del recientemente fallecido tenor Antonio Barasorda. “Puerto Rico tiene más músicos por milla cuadrada que ningún otro lugar del mundo, incluyendo Italia”, expresa el ejecutivo con orgullo. “Aquí tenemos sopranos y tenores espectaculares”.

Piñeiro, por su parte, está terminando la lectura de una serie sobre las siete personalidades más significativas de la historia mundial.

“Creo que me he ganado este descanso”, termina diciendo Rodríguez. “Yo terminé mi Maestría a los 18 años y estoy trabajando desde los 20”.

“Yo me siento igual”, interviene Piñeiro. El retiro “es un periodo al que hay que adaptarse. Pero vengo a una o dos reuniones en semana, así que no estoy tan separado” de las operaciones del hospital.

En todo caso, separados o no de los cargos que han ocupado durante años, Rodríguez y Piñeiro dejan un importante legado de servicios de salud de alta calidad a la sociedad puertorriqueña.

Continúa creciendo a través de la experiencia